join-banner-text

Y llegan días



En donde uno simplemente para todo. Todo. Y uno ingresa a su propio espacio de silencio en el mundo y se queda ahí. Pareciera la eternidad. Pareciera el absoluto. Pareciera el silencio ensordecedor de una montaña en donde recién acaba de nevar. O la quietud en un bosque antes de llover. O la inesperada pulcritud del mar después de una tormenta.





Ingresé a mi propio espacio de silencio en el mundo. Por varios días. Y salgo despacio. Porque ante tanta belleza y quietud desde el espíritu, salir de allí toma varios instantes. Varios suspiros. Varias conversaciones con uno mismo en donde uno revisa ¿cuánto me valoro? ¿cuánto permito que me valoren los otros? ¿cuánto valoro al otro? ¿cuánto? ¿para no hacer daño? ¿para que no me hagan daño? ¿para que nada toque a los otros que pueda herirlos, enfermarlos, detener su vida? ¿o su paso por este planeta? ¿cuánto te valoras? ¿cuánto me valoras? ¿cuánto? ¿cuánto significa mi vida para ti? ¿mi salud? ¿mi bienestar? ¿cuánto?





Llegaron días…llegan días. Y mi propio silencio en el mundo no puede ni siquiera responderme. No puede. Porque nuestro viaje es personal. Y porque cuando guardamos silencio sale desde adentro de ti, eso que somos y que te hace. Y te habla. Y entonces te preguntas, ¿cómo pudo ser? ¿por qué pasan estas cosas? ¿cómo es posible? Pero es posible. Entonces vuelves a tu silencio y te quedas allí como queriendo encontrar respuestas a lo que no las tiene. Y no tiene respuestas todo. Nada. Porque la vida simplemente es. Y somos diminutos puntos del cosmos que creemos que contamos. Pero nuestra pequeñez es tal que solo suma como parte de un gran colectivo que es un rasguño en el universo.





Mi espacio de silencio me hace valorar profundamente cada instante. Presente. Mi respiración. Un abrazo en donde busco el latido de corazón del otro. Una caricia en donde simplemente necesitamos ese afecto tan básico que todo ser requiere. Una mirada honesta. Una palabra certera. Una larga conversación en la chimenea. Hasta una buena conversación por esos maravillosos inventos del hoy con tu gran amiga para tratar de comprender cómo puede ser posible. Cómo…cómo pueden pasar estas cosas…cómo le pueden pasar estas cosas a las personas que amas…cómo.





Y todo parece incomprensible. Hasta que quienes viven en una ciudad tan inhumana no quieran comprender lo que nos es tan evidente para otros. Y que nuestros gobernantes pretendan tomar medidas que frenen un sistema que ya colapsó. Respirar. Lo más básico. Y debiera darnos miedo. No a mi. No. Llevo años insistiendo en “bobadas” que hoy nos darían más calidad de vida. Pero ya es tarde. Yo como que nací en la época equivocada. De una violencia absurda. Nunca conocí a mi país en paz pero nunca conocí a mi ciudad aliviada tampoco. Creciendo y buscando premios basados en el vacío sí. Y hoy con dolor me alegran las medidas tomadas. Porque aunque tengo tiempos que cumplir, mi vida no está basada en lo que si tienen que hacer muchos allí. Me faltaba poco para desprenderme de ti ciudad. Y con ese nuevo cierre de tus vías para que otros respiren mejor yo hago lo que sea. Y te veré desde la distancia. Cómo debe ser…y los cambios harán que muchos tengan que repensar su vida.





Y nos llegan días a todos. Nos llegan días en donde nos toca decidir. Definir. Pensar. Hacer. Redefinirnos. Repensarnos. Rehacernos. Para retomar ese rumbo perdido. Y tenemos que sacar fuerzas de dónde no quedan. Y tenemos que pegarnos de todo. Colgados de la brocha. Literal. Y hay quienes tienen unas situaciones más complejas. Y otros menos. Pero si somos seres conscientes, todos tenemos la obligación de revisar qué es nuestra vida y cómo la vivimos. Y qué tan consciente es. Y qué tan cuidadosa es. Con nosotros. Con los otros. Con todos. Con la comunidad. Con ese colectivo del que hacemos parte…nuestra salud es la salud de todos. Hablábamos de dejarle algo a las futuras generaciones. Ahora toca hablar de dejar algo para nosotros mismos. Para poder tener vivir en el hoy. Hoy. En este instante. Ya ni siquiera podemos hablar de futuras generaciones porque pareciera que nos hubiéramos gastado hasta lo de ellos…





Tristemente.





Y llegan días en donde ni ingresar a mi propio espacio de silencio en el mundo me es suficiente…

      Like this story?
      Join World Pulse now to read more inspiring stories and connect with women speaking out across the globe!
      Leave a supportive comment to encourage this author
      Tell your own story
      Explore more stories on topics you care about