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Caminaba lento



Caminaba lento



Además con su mirada fija en el suelo. No levantó la mirada ni cuando la saludé. No me escuchaba. Creo que escuchaba sus recuerdos. Su pasado. No estaba ahí. No en ese instante en el que yo le decía que a dónde iba. ¿A dónde vas? Puedo llevarte. Seguía su camino y yo trataba de entender.



De repente todo cambió. Me miró. Y vi entonces la mirada más triste que jamás haya visto. ¿Puedo llevarte? Le pregunté nuevamente. Sonrió. Sin ni siquiera decirme una palabra se subió. ¿A dónde vas? Sobó su barriga que ya parecía tener un poco más de siete meses de embarazo. Volvió a sonreírme. No dijo una sola palabra.



Miré al frente. Había allí un hombre. La miraba. La veía partir quizá. Arranqué. Ella solo giró su cabeza. Él tenía lágrimas. Ella no. Voy donde mi madre me dijo. Pero…yo no sabía dónde vivía su madre. La miré de reojo y una lágrima corría por su mejilla. Volví a mirarla y pude ver en sus ojos su historia. Miré por el retrovisor y vi que un chiquillo se acercaba al hombre. Lo tomaba de la mano y los dos miraban como partía tal vez ¿su madre? ¿Su esposa? Ella se sobaba su barriguita y miraba el infinito. El vacío total.



Solo pude decirle, todo estará bien.



Me volvió a mirar. Y me dijo. ¿Usted cree? Y yo en medio de mi ignorancia, de mi desconcierto y de mi atrevimiento quizá, le dije si.



Sonrío y solo pudo decirme, qué poco sabes de la vida…Mis ojos casi me delatan. Un nudo se me hizo en la garganta mientras yo veía cómo pasaba todo esto delante de mi. Y si, lo que ella decía era cierto. Qué poco sabía de la vida. Porque mi vida no es suficiente para saber de todas. La mía es la mía y baso lo que pienso en mis aprendizajes y en mi experiencia y en lo que leo y en lo que siento y en lo que veo que le pasa a otras personas. Pero en lo que no conozco y apenas puedo imaginarme es difícil.



Nunca me había costado tanto continuar una conversación. Me caracteriza la espontaneidad. Pero esta vez no.



¿Qué te pasa? Le dije. ¿Qué sucede? Por qué te vas? ¿Es tu esposo? El pequeño que salió era tu hijo? Si me dijo. Mi esposo y mi hijo. Pero el otro hijo ya no está…y sentí como tragaba en su garganta como cuando uno no puede decir algo. Sus casi treinta y algo años, eran pocos con el sufrimiento que se veía en su rostro. Su belleza estaba escondida en dolor. Yo no podía seguir la conversación. No sabía por qué…



Y entonces me dijo, es que estoy dejando a mi marido porque quiere que regresemos a mi pueblo. Y no puedo. No soy capaz…La miré. Sus ojos estaban rojos. Todo su cuello parecía que iba a explotar. Le sobé la espalda y le dije todo estará bien. Es que no puedo señora porque nuestro hijo mayor pisó una mina quiebra patas y murió.



Ayyyyyy. Mi corazón saltó. Sentí que mi ignorancia si me jugaba una mala pasada hoy. Porque durante muchos meses vi ese mismo dolor mientras hacía un trabajo para una organización. Pero esta vez fue diferente. Porque esta mujer se montó en mi carro hoy a escasos días de firmar y de votar y de querer eso que no hemos sido capaces de darnos ni de darles a tantos.



Me detuve. La miré y las dos lloramos como si nos conociéramos. Como si nos uniera una historia común. Como si pudiéramos devolver el tiempo. Como si algo más allá la hubiera puesto a ella en mi camino y a mi en el de ella.



Aquí es me dijo y me detuve. Paré. Era una casa verde azul que no podré olvidar. Estaba en la mitad del camino que muchas veces camino. ¿Cuánto le debo me dijo?
Y yo si apenas podía hablar…le dije nada. No me debes nada.



Y entonces quise abrazarla. Quise preguntarle qué le debíamos nosotros a ella. Quise entregarle todo lo que tenia conmigo ahí. Quise sobarle su barriga. Quise decirle otra vez que todo estaría bien. Pero no pude. No fui capaz.



Y partí.

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